La semana pasada fueron 30 años de la toma y retoma del Palacio de Justicia en Bogotá. Esta semana se cumplieron 30 años del desastre natural de Armero y hoy, hace 3 décadas también, no había nadie ocupando la silla presidencial en Colombia. Belisario Betancur Cuartas, el mandatario electo por los colombianos para el periodo 1982-86, no lo encontraron por ninguna parte. Seguramente se encontraba escribiendo poemas, cuando el General Rafael Samudio impartía ordenes al General Jesús Cabrales para que la fuerza pública acabara con todo, antes de que la Cruz Roja entrara al Palacio de Justicia a auxiliar a los heridos; y quien sabe que estaría haciendo,  cuando autoridades científicas alertaron del represamiento del río Lagunilla, debido a la enorme cantidad de ceniza que estaba siendo expulsada desde el cráter del Nevado del Ruiz, dos meses antes de la erupción que destruyó al recordado municipio tolimense.

El pasado 11 de noviembre, en diálogo con Blu Radio, José Antonio Rubiano, sobreviviente de la tragedia de Armero, culpó al gobierno del entonces Presidente Betancur de no evitar las perdidas humanas en la catástrofe, pues según él, “se le pidió (al Presidente) la quitada de la piedra donde se formó la represa de El Sirpe y no lo hizo”. Seis meses atrás, científicos, campesinos y ambientalistas habían informado al ejecutivo nacional, de la muerte de miles de peces debido a envenenamiento por azufre, en las cuencas de los ríos Otún, Recio y Lagunillas. Pero como sí fuera poco, una semana antes de este horrendo desastre natural, del Palacio de Justicia capturado por el M-19, fueron evacuados  civiles inocentes, que luego de haber escapado del fuego cruzado en el edificio judicial, desaparecieron misteriosamente mientras estaban en custodia de la fuerza pública.

No había un comandante en jefe en Colombia, que supiera o pidiera cuentas a sus subordinados en las fuerzas militares, sobre los desaparecidos del Palacio de Justicia. Aunque el mismo Presidente asumió “plena responsabilidad” por el violento, desproporcionado y descoordinado operativo de retoma, nadie sabe todavía cuáles son esas responsabilidades asumidas, pues según él, la orden fue restablecer el orden constitucional, pero los detalles y los procedimientos de la recaptura, siempre fueron un misterio para él mismo. Algo así, como sí el expresidente reconociera que dio ordenes, pero no dio detalles; que soltó a los perros sin el bozal puesto y sin impedir que mordieran. Entonces, ¿Dónde estaba Betancur cuando el entonces Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía (víctima del holocausto), le solicitó al primer mandatario ordenar el cese al fuego para negociar con los guerrilleros? ¿No era acaso Belisario Betancur, el Presidente de la paz, que había sacrificado todo para negociar los acuerdos de La Uribe con la guerrilla de las FARC? ¿Por qué le quedó tan grande negociar con el M-19? ¿Era acaso incapaz de pedirle al Ejército no hacer uso excesivo de la fuerza y hacer que la Cruz Roja custodiara a los rehenes fuera del palacio?.

¿Por qué le costó tanto trabajo acatar las señales de alerta que anunciaban la erupción del Volcán Nevado del Ruiz? ¿Por qué tiene que pedirle a su ministra de comunicaciones que censure el cubrimiento periodístico de la toma y retoma del Palacio de Justicia? ¿Por qué no escuchó al entonces Alcalde de Armero, Ramón Rodríguez, ni a los investigadores Marta Calvache y Eduardo Parra, al montañista suizo contratado por Ingeominas o al representante a la cámara Humberto Arango Monedero, cuando todos advirtieron de la inminente destrucción del municipio por cuenta del volcán? ¿Por qué no se denunció penalmente al gobernador del Tolima, Eduardo García Alzate por haber ignorado todas las alertas emitidas? Sencillo, porque no había una figura de autoridad en Colombia. La Presidencia de la República estaba vacante y la única persona cerca a la silla presidencial, era un poeta y escritor conservador, que había ganado las elecciones en el 82,  porque en el partido liberal no se pusieron de acuerdo entre Alfonso López Michelsen y Luis Carlos Galán Sarmiento.

En fin, el daño ya está hecho y no hubo quien asumiera el liderazgo de una nación. Reconozco la tregua que consiguió con las FARC y que dio origen a la Unión Patriótica, como su único logro en el gobierno nacional, pero el crédito lo compartió con los negociadores de la guerrilla y con organizaciones que mediaron en los diálogos. Sin embargo, por su fracaso en las tragedias de Armero y del Palacio de Justicia, los colombianos lo recordaremos como el ausente, mientras que ante los ojos de la ley será recordado como el impune.