Me dijo él por primera vez que tenía miedo de mi, de mi locura y mis múltiples depresiones era tan malo inventar historias y leer algunos libros mientras tocaba su rostro.

Llovía desde las primeras horas y María sólo quería huir con el agua sobre sus zapatos, fumaba un poco y dejaba mi cigarrillo a medio terminar para acompañarla a la tempestad.

Me enamoro, sus miradas a la nada, sus manos rozando mi cabello y su adicción a las bebidas frías y cargadas de un porcentaje alto de alcohol, la ame empapada con su maquillaje hecho un fiasco.

Amé sus lagrimas saladas y sus labios sabor a nicotina y a dulce casi podría distinguir la portada de su libro mojada y desecha.

Probablemente mentía para ocultar sus charcos, la perdí un día en un tren que iba a Buenos Aires, la dejé irse con agua en sus ojos, puse mis brazos alrededor de sus hombros y pedí un brandy, ella derramó la mitad y se desvaneció sobre la mesa.

Siento que me pudro sin ti Maria, dame un cigarrillo de ti y tus cuentos de inútiles versos, Lo hubiese confesado todo en aquel tiempo pero preferí quedarme con mis letras y mis ganas de tenerte solo para mí.

Encendí un cigarrillo y recordé cómo se destruía sin mi y conmigo, recordé que su única felicidad era el mar. Mi cigarrillo estaba mojado y no quemaba bien.

Cohetes construidos por ti y rotos por velas de ira que cargabas en tu ansiedad de llegar a los planetas, carece del sentido del humor, me observa diferente, sus dedos me rozan con ningún sentido, llora en la bañera y en los sueños.

Maria Fernanda Chambueta Cardozo

Parásito