Llevamos doce días de mandato del nuevo Alcalde Mayor, Enrique Peñalosa y los medios de comunicación reportan normalidad absoluta en sus cubrimientos. Aparentemente, el caos  reportado durante el cuatrienio de la Bogotá Humana cesó finalmente y la ciudad va por buen rumbo. Sin embargo, desde que empezó este año, el burgomaestre electo no ha hecho otra cosa sino aquello que tanto le criticó a Gustavo Petro; improvisar.

Los malabares del señor Peñalosa se destacan con el proyecto del metro de Bogotá, una iniciativa que tiene un retraso de 60 años de ejecución y que durante estas décadas se ha embolatado, gracias a la astucia de la clase política en complicidad con los dueños del trasporte publico tradicional.  Curioso es, que hasta hace un tiempo, los medios de comunicación levantaron voz de protesta por la pasividad de los alcaldes de turno y la tacañería del Gobierno Nacional, pero una vez regresó don Enrique, la memoria les falló y el metro dejó de ser prioridad.  Pronto, escuchamos anuncios desde el Palacio de Liévano que hablan de una troncal de Transmilenio sobre la línea del tren de occidente, en lugar del tranvía regional para comunicar al Distrito Capital y a Cundinamarca; que los estudios que dejó la anterior administración y que fueron avalados por el Banco Mundial y la mismísima Casa de Nariño, no valen un centavo y que es mejor construir tramos elevados sobre la Avenida Caracas (donde también hay Transmilenio), aún cuando estos podrían desvalorizar predios y barrios enteros.

Así es, el mismo Peñalosa que hablaba de lo feo de un metro elevado en Bogotá por cuestiones de seguridad y urbanismo, se contradice al rechazar el proyecto subterráneo y ningún periodista de los medios tradicionales sale a decir nada. ¿Sorpresa? Por supuesto que no, ya que a nuestro actual alcalde no le interesa tampoco construir un tren sobre viaductos, pues siempre ha defendido el BRT (Bus Rapid Transit) o sistema de transporte masivo de autobuses, como la única alternativa viable para una ciudad de 8 millones de habitantes.  Sí esta administración resolviera construir un metro, lo haría para que sirviese como medio complementario a su eje central de buses urbanos y suburbanos (porque quiere que Transmilenio llegue a Mosquera) y no como el principal (tal como debe ser y como aplica en la mayoría de las grandes ciudades del mundo).

La verdad es que no entiendo por qué la prensa calla tanto con este nuevo alcalde. ¿Por qué se dieron el lujo de desechar el proyecto de ocho años para la construcción del metro? ¿Por qué cuando Gustavo Petro quería cambiarle algo a la iniciativa lo llamaron improvisador y a Peñalosa en cambio, lo tildan de urbanista? ¿Acaso no resulta lógico que Transmilenio debería ser un sistema complementario de transporte masivo y no el principal? Entre otras cosas, ¿Qué se sabe del SITP? Exacto, nada se sabe, pero la imparcialidad periodística fue lo primero que se perdió.  En fin, como dije antes, sólo han pasado 12 días y aunque a Petro lo fustigaron desde el primero, debo decir que es gesto noble de la prensa mostrar tanta paciencia con el actual alcalde. Los resultados están por verse, pero por ahora sólo podremos imaginarnos el metro en Bogotá, cada vez que ingresemos a un bus de Transmilenio.