En la memoria de muchos ciclistas de la generación de la guayaba aun están las imágenes de un tal Lucho Herrera pedaleando, con la cara llena de sangre después de una caída. Más recientemente fuimos testigos de otra imagen de berraquera ante una caída con Nairo Quintero.

Pero de caídas esta llena la vida. Caídas se ven a diario; en las ciudades, en la playa, en las montañas, en el campo de fútbol, en la cueva, en el cine. Sin importar si es un peatón, un ciclista, un superhéroe, un ex-boxeador, un presidente, una actriz porno todos han caído, todos caen, todos caerán.

Ahora bien, podemos preguntar ¿Cual es la diferencia entre la caída de un ciclista y la de una persona que no esta habituada a la bici como medio de vida? Pues que la mayoría de los ciclistas tenemos claro el motivo por el cual caemos; Tal como le dijeron a Bruce Wayne después de caer en una cueva, “Caemos para levantarnos.”

En una forma más poética, los ciclistas sabemos que sentir el pavimento de una calle en la piel, hace parte de la experiencia de VIVIR la ciudad en #2ruedas.

El pavimento sabe igual en Bogotá, en Neiva, Santa Marta, Barcelona, Mykonos o Dubrovnik. La geografía no altera el dolor en una caída, eso lo he podido comprobar ya que he tenido la “fortuna” de morder el asfalto en diferentes ciudades. La más trágica fue en la capital turística de Croacia en la cual recorrí calles amuralladas, exploré vecindarios custodiados por gatos de ojos multicolores y fui testigo de una de las mejores vistas panorámicas del mar mediterráneo.

 Con el sudor en la frente, decidí culminar mi ruta con una visita al centro histórico de la ciudad. Fue así que logré explorar los olores de la comida típica, las imágenes de esculturas de extraños nombres, conocí turistas de diferentes países y artistas locales que ofrecían desde fotos de piratas con guacamayas hasta melodías trabajadas con instrumentos tanto rústicos como improvisados con materiales reciclables.

Con la emoción típica del turista pero con la satisfacción que da una jornada de buen recorrido en bici, la garganta seca me hace el llamado a buscar un buen cafe donde pueda recargar energías y refrescarme un poco, es así que a través de los lentes que hasta ese momento estaban en perfecto estado, logro visualizar la señal de art-cafe; Un merecido descanso para la bici en la entrada de un bar donde los que disfrutan del humo del cigarrillo pueden sentarse en tinas que bien decoradas hacen las veces de sofás alternativos multicolores. Para los que dejamos (o estamos en el proceso) de cambiar el habito de autocontaminar nuestros pulmones, el bar ofrece zonas de no fumadores pero con un estilo bien definido; muros con imágenes inspiradas en street art, decoración vintage y un ambiente muy chill out

Hasta este momento parecía un día de rodada excitante pero seguro.  El reloj marca 2.40 pm y es cuando decido montar de nuevo la bici para emprender mi recorrido de regreso al puerto marítimo de la ciudad. 5 cuadras adelante sigo recorrido en bajada, velocidad aumenta en cada pedal, viento golpeando en la cara, un movimiento equivocado y pierdo el manejo del manubrio. Siguiente escena; antes de caer de manera acrobática doy tres vueltas impulsado por la velocidad, el viento y el susto.  El lado izquierdo de mi cara acaricia lentamente el pavimento mientras veo la cicla que va quedando atrás. Los lentes que hasta entonces me protegían del sol se abren en dos y el casco rueda cual si fuera balón de fútbol.

El resultado; heridas profundas en la cara, mano y cuello. La camiseta que hasta ese momento era amarilla, se mezcla con el gris del pavimento y el rojo espeso de la sangre. La bici que me había llevado por diferentes aventuras, por fortuna estaba en buen estado lo que me da confianza en la marca Btween.

Aun adolorido quedan fuerzas para levantarme de la caída, recoger las gafas rotas, el casco y la bici, sentarme en un anden y tomar un nuevo aliento. Sin más que una botella de agua de la cual ya había consumido gran parte intento limpiar las heridas profundas pues el kit de emergencia que me sacaría de apuros en estos casos, podría estar en cualquier sitio menos en mi mochila.

Esta seria mi ultima y no esperada aventura del día. Aprovechando el buen estado de la bici y el ultimo aliento que me quedaba, retomo mi camino de regreso con menos velocidad y ahora con uno que otro golpe. Por fortuna o protección divina como me diría el medico del crucero para el cual trabajo,  ningún hueso estaba roto y la cabeza estaba en perfectas condiciones. Eso si, las semanas siguientes mi ojo izquierdo se perdía entre la hinchazón y el labio superior y el mentón fueron decorados con puntos después de una corta cirugía.

Recomendación: El mejor lugar para llevar el casco no es en la mochila, en el hombro (aunque se vea cool) ni en la cintura. Definitivamente es la cabeza, y una vez más tenemos que caer para re-cordarlo. (en un recorrido de aproximadamente 5 horas por diferentes puntos del espectacular puerto de Dubrovnik en Croacia, el casco siempre estuvo donde debe estar; En la cabeza. Pero en el único instante que no estuvo ahí, pum caída fija. Tu vida se puede ir en un segundo.

Así como la palabra CAIDA esta presente en el diccionario de un ciclista, el verbo LEVANTARSE se conjuga cada vez que la fuerza de gravedad nos hace el llamado a sentir el pavimento bien sea por error propio, distracción, culpa de un peatón desorientado, un conductor ebrio o intolerante o simplemente por que la ciudad fue construida sin pensar en ciclistas.

Caer esta permitido, levantarse OBLIGATORIO!!

Dubrovnik by bike

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