Para artistas como Antonio Gaudí o Rogelio Salmona no era suficiente ver una ciudad llena de edificios, construcciones grises y cuadradas, parques y urbanizaciones cerradas o iglesias llenas de ladrillos. Algo o alguien tuvo influencia en esas mentes para querer cambiar el concepto de ciudad, urbanidad y arquitectura y mezclarlo con arte, irreverencia y libertad.

Es así que para explorar estas sensaciones, que hacen parte de un verdadero cambio en el paisaje urbanístico de ciudades como Bogotá o Barcelona, una bicicleta y una cámara llegan a ser elementos necesarios en la ruta que constituye el legado arquitectónico y citadino.

UN TAL ROGELIO SALMONA

A través de sus obras se puede entender lo que para este artista representaba el concepto de lugar; En pleno centro de Bogotá donde predomina el ambiente de fiesta, comercio y academia, Salmona le obsequia a la ciudad un espacio urbanístico renovado ya que peatonaliza el trazado del cauce del río San Francisco. Esta innovación arquitectónica nombrada como “Eje Ambiental”, muestra un espejo de agua recordando a los visitantes, extranjeros, rolos, ciclistas y habitantes de calle, el curso de uno de los rios más olvidados de la ciudad.

El legado artístico de Salmona se puede recorrer en #2ruedas, pues solo 10 minutos de buen pedal, desde el Eje Ambiental permiten llegar y observar de cerca un concepto diferente de vivienda integrada en un parque público; Las torres del Parque. Con esta construcción Salmona rompe con la idea de “conjunto cerrado” y a pesar de la controversia que genera por cuestiones de seguridad permite que en un mismo espacio se de el dialogo y la convivencia de los ciudadanos sin importar si son actores famosos, estudiantes de sociales de Universidad pública, vendedores informales, ejecutivos de alguna multinacional o poetas marihuaneros. Don Rogelio entendía muy bien que la ciudad es de tod@s, para tod@s y por tod@s.

Después de pasar por estas torres situadas en medio de un parque público, y después de recorrer diferentes vías, puentes y uno que otro trancón, la bicicleta descansa en otra de las obras de Salmona; La Biblioteca Pública Virgilio Barco, donde el arte, la arquitectura y el conocimiento se encuentran en un mismo lugar.

Con esta construcción en espiral que no se sabe si la vio en un sueño o la diseñó bajo el efecto de algún alucinógeno, Salmona nos permite disfrutar de cada detalle a la perfección logrando despertar nuestros sentidos ya que armoniza la luz natural, las zonas verdes, así como también integra el concepto del agua y tierra en un mismo lugar de manera que construye una arquitectura que se puede disfrutar como una experiencia corporal.

UN TAL ANTONIO GAUDÍ

Sus curvas posiblemente inspiradas en alguna musa y formas de animales sacados de historias surrealistas, cambiaron el estilo de la arquitectura durante los siglos IX y XX. Gaudí reconoció el orden formal no solo en las construcciones sino también en las percepciones culturales y sociales de la época y las altero en forma extraordinaria mostrando así que existe otra realidad más allá de lo que ven nuestros ojos.

Esta nueva visión esta al alcance de todos sin importar condición social en una ciudad tan multicultural como Barcelona donde es fácil seguirle la pista al legado artístico de don Gaudí, mucho más si se cuenta con una bici sea esta plegable, de montaña, fixie o de turismo, ya que la ciudad cuenta con varias ciclorutas que conducen a cualquiera de sus monumentos artísticos.

Desde el puerto marítimo el cronometro marca tan solo 20 minutos de pedal suave para llegar a la primera de las obras de arte del Modernismo Catalan; La Casa Batlló que parece una construcción sacada de historias de libros, esta decorada con formas y colores que permiten vivir una experiencia surrealista ya que en toda la casa desaparecen las lineas rectas recordando el concepto circular de la vida misma. Otro elemento que resalta a primera vista y que hace que todos los lentes de las cámaras de turistas, curiosos y viajeros apunten siempre en dirección al techo de la casa es un dragón que parece estar vigilando una de las calles más transitadas de la ciudad Catalana.

Seguido a la Casa Batlló, y a unos cuantos kilometros por la cicloruta , se observa en una de las esquinas más visitadas de la cuidad la Casa conocida como “La Pedrera”, donde una vez más las curvas aparecen decorando las ventanas y balcones, emulando el eterno movimiento de las olas de mar. Después de observar la Pedrera, el color rojo en el asfalto que indica el libre transito de l@s ciclist@s conduce a la que es considerada la más importante obra en el legado artístico de don Gaudí ; La Sagrada Familia.

En tiempo de bici la ruta marca aproximadamente 25 minutos para apreciar un trabajo que Don Gaudí asumió después de la muerte del arquitecto que lideró el proyecto el cual lleva más de 100 años en construcción y que aún no ha sido terminado. Para disfrutar de esta obra hay que contar con bastante tiempo. Después de dejar la bici asegurada (en el parque exterior a la Iglesia hay cicloparqueadero) el ojo humano y el lente de la cámara se alistan para capturar en imagenes, sucesos y personajes que hacen parte de la historia, la fé y la religión.

Mentes como la de Antonio Gaudí o la de Rogelio Salmona nos hace re-pensar la forma en que percibimos la ciudad. Nos invita a convertir la ciudad en un espacio más habitable para las personas dejando que diferentes manifestaciones como el arte y la cultura sean elementos del ambiente cotidiano. Muy seguramente ninguno de los artistas pensaron en la relación de su legado arquitectónico con el mundo del ciclismo urbano pero hoy en día gracias al auge que tiene la bici en la ciudad bien sea por moda o por necesidad, más personas con bici propia o alquilada tienen la oportunidad de recorrer, conocer y redescubrir una forma diferente de vivir en la jungla de concreto sea esta Barcelona o Bogotá.

@diariosdbicicleta