A Enrique Peñalosa no le está yendo tan bien como él o sus partidarios lo imaginaron. El otrora “tecnócrata” ha visto su imagen desvanecerse por cuenta de sus falsos títulos de posgrado, su actitud revanchista con los gobiernos de izquierda anteriores y la pedantería con la que se inauguró como burgomaestre. Su Plan de Desarrollo no tiene casi ningún estudio técnico que avale las decisiones que piensa tomar, pero aun así, la mayoría clientelista que tiene en el Concejo parece estar dispuesta a entregarle un cheque en blanco por algo de mermelada distrital.

“Recuperemos Bogotá” fue el lema y nombre del movimiento electoral que lanzó a Enrique Peñalosa a la contienda por la Alcaldía Mayor de Bogotá. El cerebro político de este proyecto fue Carlos Fernando Galán, Senador por el Partido Cambio Radical del Vicepresidente Germán Vargas Lleras y la misma colectividad que ha dado aval a controvertidas figuras políticas como Kiko Gómez y Oneida Pinto. La propuesta de Galán y los peñalosistas era, en principio, la de poner un Alcalde tecnócrata en la capital para que deshiciera lo que ellos consideraron, como el retroceso y estancamiento del Distrito por cuenta de los gobiernos de izquierda de Gustavo Petro, Clara López (interino), Samuel Moreno y Luis Eduardo Garzón.

Sin embargo, la idea resultó no ser la de elegir a un alcalde técnico, sino a uno de derechas; uno que le diera gusto a la burguesía bogotana, a los señores dueños de la construcción, a los operadores privados de Transmilenio, a los periodistas que se pelearon con Hollman Morris, al Centro Democrático de Álvaro Uribe, a los conservadores de Martha Lucía Ramírez, a los verdes mockusistas que son estrato 6 y andan en “bici” (porque que boleta decir cicla) hasta La Candelaria no más y a los liberales y de La U, quienes se pusieron la camiseta de Rafael Pardo durante las elecciones locales, pero una vez vieron hundido el barco de la Unidad Nacional en Bogotá, se fueron a pedirle puestos a Enrique Peñalosa.  En otras palabras, “Recuperemos Bogotá” fue una propuesta para una “Bogotá mejor para todos… ellos los ricos y los poderosos”.

En el Plan de Desarrollo (PD) que se está discutiendo en el Concejo Distrital se contemplan varias decisiones trascendentales para la ciudad, pero a diferencia de lo que algunos podrían haber pensado, la mayoría de estas propuestas no tienen estudios técnicos rigurosos que las avalen. En el caso del proyecto de la primera línea del Metro, sólo se dice que será “elevado” y no subterráneo, un reversazo a lo planteado desde la pasada administración, la cual había conseguido ya, el aval del Banco Mundial y del Conpes del gobierno nacional para su financiación. En las mismas condiciones aparecen otros proyectos como el de la urbanización de la Reserva Van Der Hammen, la reestructuración de clínicas y hospitales públicos del sur y la cereza del ponqué, la privatización de la Empresa de Teléfonos de Bogotá – ETB.  Sobre esto último, la Contraloría Distrital ha advertido a la Alcaldía Mayor, que no existen estudios contundentes que den buen visto a la enajenación de las acciones del Distrito en la ETB.

Hay quienes votaron e hicieron campaña por Peñalosa, porque creyeron que un gobierno apolítico y tecnócrata resolvería los problemas de Bogotá. Sin embargo, pocos se dieron cuenta que quienes lo llevaron al poder son los mismos politiqueros de la derecha tradicional. En otras palabras, ni a Carlos Fernando Galán, ni a Martha Lucía Ramírez o a Álvaro Uribe (quien jugaba a dos bandas con Pacho Santos como aspirante a la alcaldía) le importaba tener en consideración esos supuestos atributos “tecnocráticos”; por el contrario,  el objetivo fue el de recuperar Bogotá para ellos mismos y para nadie más. El Alcalde Peñalosa es un gerente, si, por qué no, pero mandado por una junta directiva compuesta por esos mismos “mermelados”, que a nivel nacional juegan con otra camiseta.

Pero a Enrique Peñalosa nada de esto le preocupa, pues luego de que la prensa demostrara que él no tiene ni el doctorado ni la maestría que durante muchos años dijo tener, está más preocupado en descalificar a los periodistas, a quienes les ha dado excusas tan pobres como la de decir que una  maestría en Europa no es lo mismo que una en Colombia, que hace 30 años los diplomados o cursos eran de mayor jerarquía o la peor de todas, que su hoja de vida es privada y no le incumbe a nadie conocerla. Frente a esto último, habrá que decirle al Alcalde Mayor, que los currículos de los empleados son de conocimiento del empleador, que en este caso, somos nosotros los bogotanos. Sí para don Enrique (iba a decirle doctor) es inaceptable pensar que él es otro empleado más del Distrito, es decir, un servidor público puesto a las órdenes de la ciudadanía, será mejor que renuncie.