A tu cerebro le gusta lo prohibió, y el azúcar lo sabe. Una refrescante lata de gaseosa, un delicioso helado bañado en chocolate, una suculenta barra de cereal, incluso tras la inocente avena y todos los fascinantes sabores y colores que la industria nos ofrece, hay que entender que un aporte masivo de azúcar, tiene la capacidad de estimular nuestros receptores de opioides cerebrales, es decir que liberan dopamina, un neurotransmisor encargado de proporcionarnos placer, lo que hace al azúcar adictiva, tácitamente una droga legal. Tiene sentido verdad. Pero como la vida no es tan color de rosa, contrario a lo que campañas como las de Postobón sugieren, un estudio a cargo de la Universidad Nacional de Australia, demostró que el azúcar en la sangre encoge literalmente el cerebro y deteriora la memoria. Éstas son apenas don consecuencias de entre otras 127 razones que podría enunciar sobre los efectos negativos que tiene esta sustancia cristalina, sin embargo, exponerlas probablemente no haga que su cabeza siga asociando azúcar con placer y buen sabor. Así como leche igual a calcio.

En Colombia hay una tasa de 50% de personas con sobrepeso y un 16% con obesidad, que causan enfermedades crónicas no transmisibles. Para el actual Ministro de Salud Alejandro Gaviria estas cifras resultan bastante inquietantes, por ello hace algunos días mencionó una propuesta incluida en el plan de desarrollo que pretende reducir los índices de obesidad en los Colombianos, mediante un impuesto a las bebidas gaseosas y otras bebidas azucaradas. Se pensaría entonces, que hay mucho colombiano almorzando gaseosa con pan, y puede que sí, ¿Por gusto? ¿Por que es para lo que el presupuesto alcanza?, un poco de esto y de aquello. No obstante, según la ENSIN (Encuesta Nacional de Situación Nutricional) 2010, solo uno de cada cuatro adultos toman gaseosas diariamente y la mitad de la población lo hace una vez por semana.

Como país imitante, Colombia quiere implementar el gravamen tal como lo han hecho unos 20 países, por nombrar a México, Berkeley (California), Finlandia y Hungría, estos dos últimos adoptaron la postura desde el 2011. El caso más reciente es Chile , país de origen de Gaviria por cierto. Entre otras cosas, con el impuesto también se busca financiar el colapsado sistema de salud, hablamos de un hueco de 3 billones de pesos que de algún modo se tiene que rellenar, de implementarse habría entonces un método de recaudo efectivo, del cual el Ministerio de Hacienda estaría gustoso de disponer. Sin tener en cuenta, realidades complejas como que el consumo de estas bebidas que son distribuidas con las premisa de que no hacen daño, es mayor en estratos bajos y medios y que apenas representan aproximadamente 2,7% del total de las calorías que consume una persona en el país.  Además del impacto negativo hacia todo el ciclo productivo, dejándolo sin opción aparente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sugerido la adopción de medidas específicas para desestimular el consumo del azúcar, en referencia, es evidente la incapacidad de educar que tiene el gobierno, pues adoptar medidas demagógicas en nada resuelve la problemática real. Tampoco se trata de crear una campaña con miles de copias impresas que contenga información que no rompe patrones de conducta repetitivos, si las condiciones del entorno siguen siendo las mismas.
Actualmente se vive bajo una dinámica en donde el poder adquisitivo prima por encima incluso de la salud. Se trata entonces de repensarse la realidad, adoptando estilos de vida saludables, es ahí donde la labor de complicidad del gobierno para con los ciudadanos cumple una labor fundamental, pues son quienes están en la capacidad de propiciar masivamente otro tipo de escenarios y de educación, reestructurando todo un sistema de consumo, comercialización, y tráfico de información en pro de ciudadanos sanos, informados, consientes y hasta felices. Sabiendo que eso no va a pasar, está en cada individuo y muy importante en los padres, optar por mejores hábitos, estilos de vida beneficiosos y sostenibles. Finalmente representamos la demanda comercial y se está en la capacidad de transformar la actual oferta insana, falsa y manipulada, incluso del bienestar físico y mental, que hoy por hoy se considera un producto.

Que llegue el momento en el que estando en la tienda halla la  libertad de escoger como alimentarse sanamente, no solo llenar espacio en la barriga, sin entender la incidencia de  la comida. También poder consumir con confianza, sin miedo al precio o a las engañosas etiquetas.