Hugo Gernsback es considerado, junto a Julio Verne y H. G. Wells, uno de los padres de la ciencia ficción. Nacido en Luxemburgo en 1884, a la edad de 20 años emigró a Estados Unidos, donde comenzó una fructífera carrera como inventor y editor.

Por: EDUARDO BRAVO – Yorokobu

Fundó más de 50 revistas diferentes. Entre ellas, Modern Electrics, la primera revista sobre electrónica, y Amazing Stories, una de las cabeceras clásicas de la ciencia ficción en la que publicó a autores de la talla de H.P. Lovecraft y H. G. Wells.

En cada número de Amazing Stories, Hugo Gernsback incluía un editorial en el que repasaba temas de actualidad, muchos de los cuales estaban basados en la tecnología del momento.

Partiendo de los descubrimientos de científicos como Tesla o intuyendo las posibilidades de inventos que ya existían, como la radio, Gernsback previó cosas que hoy en día son habituales pero que, en ese momento, eran, nunca mejor dicho, ciencia ficción.

Entre esas innovaciones se encontraban las redes wifi, la televisión, la cura de la tuberculosis y el cáncer, el control de la meteorología y la popularización del transporte aéreo.



El problema es que todo lo que Gernsback tenía de visionario lo tenía de tacaño. El editor pagaba poco, pagaba tarde y, en ocasiones, no pagaba. Por esta razón, harto de tener que estar siempre despistando a impresores, proveedores y escritores, en 1929 decidió vender la cabecera de Amazing Stories.

Aunque esa decisión, en plena crisis del 29, pudo ser de nuevo un ejemplo de visión comercial, a la larga no lo fue tanto. Mientras que los negocios posteriores emprendidos por Gernsback no fueron especialmente brillantes, Amazing Stories se convirtió en una institución en lo que a la ciencia ficción se refiere, que gozó de un gran éxito entre los lectores. Incluso George McFly tiene ejemplares de Amazing Stories en su mesilla de noche.

Parte de ese éxito se debió a que, además de autores clásicos, por sus páginas pasaron los renovadores del género. Nombres como los de Phillip K. Dick, Robert Bloch, J. B. Ballard o Isaac Asimov. Incluso R. R. Martin, autor de Juego de Tronos, publicó algunas de sus historias cortas en esa revista, que siguió siendo un referente del género hasta su cierre definitivo en 2005.



Aunque Hugo Gernsback falleció en 1967, su influencia en el campo de la ciencia ficción fue tal que la Sociedad Mundial de la Ciencia Ficción (WSFS en sus siglas en inglés) decidió llamar a sus premios anuales Premios Hugo.

Estos galardones reconocen las mejores obras de ciencia ficción publicadas en el año en curso. Su primera edición se celebró en 1939 pero, a consecuencia de la Guerra Mundial, hubo años en los que no fueron convocados.

Por esa razón, a mediados de los 90 se crearon los Retro Hugos. Esta modalidad se otorga al cumplirse los 50, los 75 y los 100 años de la edición no celebrada, con objeto de premiar las obras que hubieran entrado en concurso ese año.

A pesar de todo, hay autores y críticos que no son tan amables con la figura de Hugo Gernsback y su legado. Además de afearle el maltrato que dispensaba a los escritores, consideran que Amazing Stories no fue una plataforma para los autores sino un gueto.

Por si esto no fuera bastante, añaden que Hugo Gernsback era un pésimo escritor. Su novela Ralph 124C 41+: Una historia de amor del año 2660 es considerada por algunos como una de las peores de la historia de la ciencia ficción.



Sea como fuere, lo cierto es que durante ocho décadas Amazing Stories fue sinónimo de ciencia ficción, fantasía y anticipación. Ahora, más de una década después de su cierre y gracias a internet, un invento que ni siquiera el propio Hugo Gernsback imaginó, es posible disfrutar gratis de muchos de sus números.

Internet Archive contiene más de 500 ejemplares de Amazing Stories de diferentes épocas. Números que están escaneados en alta definición y que pueden consultarse online o descargarse en formato pdf o e-pub.

Además de esas cabeceras, también es posible encontrar en Internet Archive ejemplares de otras publicaciones similares. Por ejemplo, Thrilling Adventures, Thrilling Wonder o Argosy. Cabeceras en las que escribía, nada más y nada menos, que Ron L. Hubbard antes de publicar Campo de batalla: la Tierra o Dianética. Todo, a solo un clic y sin tener que hacerse de la Cienciología.