La renuncia a la candidatura por la alcaldía mayor de Bogotá del exconcejal Carlos Vicente de Roux, es un traumatismo fuerte para la siempre frágil, Alianza Verde. Este partido político aún no consigue cohesionarse ideológicamente entorno a un pensamiento único. La heterogeneidad de sus miembros es tan colorida que uno no sabe cómo hacen para llamarse todos así mismos, verdes. Desde los políticos boyacos del antiguo Partido verde-Opción Centro o del Partido Oxigeno (el que patrocinó la candidatura de Ingrid Betancourt a la Presidencia en 2002, antes de ser secuestrada por la guerrilla de las Farc), hasta los escuderos de los extintos movimientos de los exalcaldes capitalinos, Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, “Por la Bogotá que soñamos” y “Visionarios por Colombia”, respectivamente; conforman el bloque de derechas de la Alianza. Todos estos se dicen llamar verdes, porque trabajan en regiones agrícolas o porque creen que los parques de cemento son muy ecológicos.  Por todo lo demás, en cuanto a sus principios políticos, no distan mucho de los demás partidos como por ejemplo, los de la Unidad Nacional de Juan Manuel Santos y algunos componentes en el Partido Conservador. Este conjunto de verdes, “a la derecha del Padre”, consideraron apoyar al señor Peñalosa para que una vez más busque ser alcalde mayor en el Distrito Capital.

Por otro lado, en la otra esquina está el bloque de izquierdas, conformado por los exmilitantes del M-19, los antiguos miembros del Polo Democrático que abandonaron esta colectividad luego del escándalo de la contratación en el Distrito (que sacó a Samuel Moreno del poder y lo metió a la cárcel a él y a algunos de sus copartidarios),  y algunos independientes como las congresistas Ángela Robledo, Angélica Lozano y Claudia López, que se identifican con propuestas de centro izquierda y son defensoras de derechos humanos. Todo este conjunto, antagónico del primero, también estuvo dividido en estas elecciones regionales, pues mientras los que yo podría llamar, “verde-amarillos” (expartidarios del Polo) querían apoyar un acuerdo programático con Clara López Obregón, actual candidata de la izquierda en Bogotá (no sólo la apoya el PDA, sino también la Unión Patriota, Marcha Patriótica y el movimiento MAIS), otros como los verde-progresistas (los que le dieron la mano al alcalde mayor Gustavo Petro, pero que se desilusionaron de su forma de gobierno) e independientes, prefirieron considerar su apoyo por el candidato del Presidente de la República, el exministro de trabajo y también exalcalde mayor encargado, Rafael Pardo (quién de vez en cuando, sigue diciendo que en el Partido Liberal hay matices de izquierda que no tienen que ser samperistas).

Al final, el exconcejal Carlos Vicente de Roux (por cierto, exmilitante del Polo Democrático Alternativo – PDA, verde-progresista, otrora amigo personal de Gustavo Petro y excomulgante de sus ideas) pretendió lanzarse como candidato único de la colectividad ante toda esta discordia tan folclórica y colorida. En principio, recibió el apoyo unánime de todo el sector izquierdista de la Alianza Verde, pero luego de las encuestas contratadas por los grandes medios de comunicación, que ponían sólo a dos y hasta hace poco, tres candidatos en los primeros lugares de favorabilidad, la simpatía por de Roux que no pasó del 1% en las estadísticas mediáticas, desplomó al bloque de izquierdas y alentó a los de derechas para confirmar su sintonía con Enrique Peñalosa. Así pues, esta semana, el exconcejal renunció a su candidatura ante la falta de un aval firme y cohesivo, de parte de todos sus copartidarios.  Pero el síntoma de malestar entre los dos bloques ideológicos de la Alianza no se quedó en Bogotá únicamente; en Cali, el actual candidato a la alcaldía de esta ciudad, Michel Maya se ha venido quejando porque los congresistas verdes, Jorge Iván Ospina y Ana Cristina Paz quieren apoyar a Angelino Garzón (la cuota de Roy Barreras, Dilian Francisca Toro y toda la maquinaria politiquera tradicional del Valle del Cauca), mientras “peñalosistas” y algunos “mockusistas” caleños, quieren darle el voto a Mauricio Armitage (candidato independiente, empresario de la región y aparentemente, simpatizante del actual burgomaestre, Rodrigo Guerrero). Por lo visto, el fenómeno de división está presente en todo el país.

Es una lástima que en la Alianza Verde no haya una sintonía de ideas. Es cierto que casi todos los partidos tienen corrientes ideológicas internas, pero casi todas deben, por lo menos, ir hacia el mismo sentido. En el caso del Polo Democrático, los bloques divergentes son todos de izquierda (los señores maoístas-laboristas del MOIR de Jorge Robledo, los excomunistas y pro-marcha patriótica de Iván Cepeda y los antiguos anapistas y samperistas de Clara López, todos ellos van hacia la izquierda a pesar de sus diferencias programáticas), mientras que el Centro Democrático (de centro no tiene nada, pero desde Francisco Santos y su derecha capitalina light, hasta la ultraderecha provinciana de José Obdulio Gaviria, ambas van hacia un mismo rumbo) todos marchan al paso de su jefe natural, Álvaro Uribe Vélez y nadie tira para el lado contrario. El fenómeno verde es el de un sancocho de políticos que se identifican aparentemente con causas “ecológicas” o mejor más bien, “alternativas o independientes”, pero que de ninguna manera convergen hacia un solo punto. Lamento profundamente, que la candidatura del exconcejal Carlos Vicente de Roux se haya tenido que perder y no sólo por las diferencias entre sus copartidarios, sino también por la agenda Setting de los medios colombianos, quienes a través de amañadas encuestas de opinión, entregan la medalla al ganador.