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Charlie, Charlie, ¿Estás ahí?

Charlie parece estar en todas partes y en ninguna también. No hay un solo bite o pixel en donde no se mencione este nombre. Youtube, Facebook, Twitter, Google y todos los otros gigantes de la interfaz se aseguran de darle omnipresencia. Sin embargo, el supuesto fenómeno paranormal no era otra cosa que un producto para el consumo; un insumo manufacturado por las industrias culturales que en lugar de concebirse desde el Templo del Indio Amazónico o del imaginario metafísico de Regina Once, se fabricó desde unos estudios de cine para promocionar una película de horror.

El éxito de Charlie Charlie se debe a dos aspectos fundamentales: el primero, que tiene que ver con la histeria colectiva generada a partir del imaginario social, la superstición y el misticismo, propios de la tradición religiosa judeocristiana de occidente; y el segundo, que contrasta con el anterior y se apoya en la cultura de consumo, la producción cultural del capitalismo y las nuevas tecnologías de la información. Ambas condiciones justifican la popularidad del susodicho ritual y el porqué resulta tan fácil su masificación en la red.

¿Está ahí? Ciertamente lo está. Charlie Charlie es una campaña de los Estudios Warner Bros para promocionar su más reciente película de horror, The Gallows, un filme que espera ser estrenado en julio de este año. Ahí es donde está Charlie y donde emana lo paranormal y diabólico de este desafío. La propuesta comercial del gigante cinematográfico resultó más grande que el propio proyecto que lo sustentó. El resultado de todo esto no deja de ser escalofriante: la influencia de las industrias culturales es enorme; la construcción de sentido y realidad en las sociedades posmodernas pasa exclusivamente por el filtro del consumo.

Por ahora tendremos que esperar por The Gallows y ver sí tanto ruido valió la pena. El afán consumista deberá justificar la leyenda urbana.