El segundo festival con más historia del país cumplió 15 años, el hermano pequeño de rock al parque vibró en Ibagué, ciudad en la que sigue demostrando que la cultura y el emprendimiento pueden más que un puñado de políticos tacaños.

 

Al tener tantos años, sorprende de forma no grata la poca colaboración de los entes regionales de Tolima e Ibagué, siendo un lugar característico por su buena exposición musical, se queda corto en palabras si se refiere al rock, pues las trabas que han acompañado a Ibagué ciudad rock durante su vida, hace creer que los sonidos fuertes están fuera de los oídos cerrados de los burgomaestres.

Pero al mal tiempo buena cara, los organizadores de este festival, gracias al Dios rock, son tercos, testarudos y les gusta meterse en este chicharrón, porque un festival de estos no lo arma cualquiera. El compromiso con las 9 mil almas que asistieron este 15 y 16 de octubre al parque centenario, era obligatorio, en especial con un público que quiere sus bandas, se le sabe las letras y se poguea cada riff con si este fuera el último, el ibaguereño tiene la música en la sangre.

En entrevista con Andrés Murillo, uno de los organizadores del festival, nos comenta sobre la historia del festival, allá por el 2002, un grupo de jóvenes buscaba en la ciudad musical, crear un festival para los jóvenes que gustan de los sonidos fuertes: Ska, Rock, Punk, Metal y Reggae. La idea también surgió como oportunidad para los jóvenes que salían de los diferentes conservatorios de música ibaguereños tuvieran un espacio donde sus artes sean expuestas al público. El lunar negro en el desarrollo del festival es el tipo de música que se toca, pues a la gente y a la institucionalidad no les gusta para nada.

Dafne Marahuntha, banda de Reggae y Ska Ibaguereña, tocó por primera vez en el festival, después de 15 años, se entregó con toda a su público, al cual adquirió por medio del festival, el cual su objetivo es mostrar las artes musicales de la región, así mismo el festival ha estrechado lazos de solidaridad he intercambio de bandas que crecieron en otros festivales alrededor de Colombia, con la misión de poner a circular sus bandas por todo el país y de esta forma, catapultarlas al éxito.

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Las 20 bandas que participaron, cumplían con todos los matices musicales que cualquiera se pudo haber enrumbado. La lluvia, que fue inclemente durante el primer día, no fue impedimento para que el público refrescara su piel y se arrimaran con ganas a los pogos, donde las risas, el pisquero, las patadas y puños mostraron una convivencia extrema.

Desde hace unas pocas administraciones locales, se apoyó el festival, desde la oficina para juventudes, donde se dictaminó la multiculturalidad como bandera para la organización de festivales en la ciudad. Sin embargo el apoyo no es suficiente, Debido a grandes escándalos de corrupción en la pasada alcaldía de Luís Rodríguez, al cual dejó sin billete a Ibagué. Los juegos nacionales, en los que Tolima y Chocó fueron anfitriones, no respondieron a tiempo con las obras, rompieron los parques deportivos de la ciudad y nunca los reconstruyeron, un ejemplo de ello es la pista de BMX, que no fue entregada, dejando su locación envuelta en barro y decepción, pues estos escenarios estaban en buenas condiciones antes de su demolición. Hoy Ibagué se encuentra en proceso de recuperación.

Cartel Ibagué Ciudad Rock

La administración del alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo se comprometió con la juventud Ibaguereña haciendo un anuncio que dejó al público estupefacto, Manu Chao podría estar en la edición 16 de Ibagué Ciudad Rock, lo cual esperamos todos que sea realidad, porque caminando por la historia, los políticos regionales le sacan el culo a los jóvenes.

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El cierre con La Pestilencia deja a un público contento, que sabe gozar cada hora de música que se trasmitió este año desde el parque centenario, la promesa es que Ibagué Ciudad Rock seguirá creciendo con el pasar de los años, claro, si los burgomaestres lo permiten. La cita es el otro año, allá nos vemos.