Placer se puede definir de diferentes formas y se puede sentir a través de muchas experiencias, actividades y en diversos lugares.

Montar bicicleta, escuchar música,  sentir el viento en la piel,  una deliciosa pizza y un buen helado al mejor estilo italiano, un buen vino, una cerveza fría,  un trago de absenta, tiempo para viajar, un sitio cómodo donde dormir, un buen orgasmo. Sin embargo hay otros tipos de placer; Ser expulsado del principal centro de operaciones de la iglesia Católica Apostólica Romana; El Vaticano.

Es así que al escuchar el dulce tono de las palabras Afori! pronunciadas por un guarda de seguridad italiano que me conduce a la parte exterior de la iglesia mientras lanza fuego infernal de sus ojos,  me brinda la sensación agradable al mismo tiempo que me recuerda algunos conceptos básicos de espiritualidad; El templo más importante y verdadero esta dentro de uno mismo. No se necesitan intermediarios para una comunicación directa con un ser superior (llamese Jesús, Jehova, Jah, Alá, Buda, Pachamama). La iglesia que más ilumina es la que arde y las montañas son la catedral donde practico mi religión.

Ahora bien, si nos preguntamos que hay que hacer para ser expulsado del Vaticano y sentir esa libertad, no es necesario emprender grandes aventuras. Una bicicleta, unos cuantos euros, una cámara y la curiosidad típica del turista son más que suficientes.

Desde la estación de tren del puerto marítimo de Chivitaveccia, Italia y Siguiendo la filosofía popular que “Todos los caminos llevan a Roma”, la bicicleta y el tren se vuelve amigables y permiten transportar a quien por curiosidad, fanatismo, o fe quiere visitar el país más pequeño del mundo. Un logo bicicletero en uno de los vagones del tren con parada a la estación de Michelangelo, indica que tan solo 60 minutos esperan para llegar a uno de los centros no solo religioso sino político y financiero del mundo.

 Lo primero que se visualiza en la “humilde” morada de Don Francisco es una gran masa de turistas, viajeros y uno que otro mochilero haciendo largas y tediosas filas que le dan la vuelta a toda la plaza principal. Es en ese instante y lugar donde comienza la búsqueda del placer. La bici se puede dejar parqueada con candado en la plaza. Seguido a esto hay que hacer uso del ingenio y astucia para poder colarse y pasar inadvertido ante los visitantes que esperan su turno para acceder a la iglesia de manera gratuita. Si no quiere arriesgarse a ser pillado por los cientos de guardas de seguridad o delatado con insultos y cantos italianos, hay 2 opciones; Esperar entre 2 y 3 horas mientras avanza la interminable fila de masas o pagar a uno de los tantos guías que ofrecen entrada de manera inmediata, información y recorrido guiado.

Después de esa gran masa humana, observará que el paisaje arquitectónico, artístico, religioso y ostentoso se confunde con las medidas de seguridad extremas que hay en el recinto. Cientos de cámaras, dispositivos y guardias de seguridad están a la orden del gran hermano que todo lo ve para cerciorarse que dispositivos móviles, cámaras, lentes oscuros, sombreros, gorros y otros accesorios no sean usados en tan Santo lugar.

Si por obra y gracia divina tiene la oportunidad de toparse con uno de estos guardias de seguridad, este alerta ya que estos personajes carecen de entendimiento, tienen problemas de audición y visión como también de temperamento, son nacionalistas y el prejuicio es su arma de dotación.

Desde un sentido lógico, es entendible los actos de respeto en un sitio religioso, sin embargo es curioso como estos agentes de seguridad son selectivos al momento de hacer acatar estas medidas. Un gorro o accesorio que este puesto en su cabeza para cubrirse del frío europeo puede ser el motivo detonante por el cual sea expulsado de paraíso. Lo cual le brindará el placer de re encontrarse con la espiritualidad fuera de las edificaciones.

Ahora bien si quiere saber económicamente cuanto hay que pagar por tal placer, tome nota: Agua y snacks para el recorrido en bici:15 euros. Ticket del tren:15 euros, sandwish veggie: 20 euros??, colarse en la fila a pesar del escandalo de los italianos: 0 euros, entrada y recorrido por la iglesia llena de turistas: 0 euros, salir escoltado del vaticano por 3 guardias de seguridad: 0 euros. Los verdaderos placeres de la vida no tienen precio.

Haciendo referencia a la Filosofa mexicana de finales del siglo xx, la chimoltrufia, es importante aclarar que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. El hecho de no ser católico o ser expulsado del centro ideológico establecido ( Vaticano), no significa que se es ateo o que no se acepta la existencia de un ser supremo (a).

Amen