La victoria del No en el plebiscito del pasado domingo tiene al país en vilo. La mitad más uno de la población colombiana rechazó los Acuerdos de La Habana entre el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, en un resultado electoral que ha partido a la nación en dos y ha agravado la polarización política. Al día siguiente, el Jefe de Estado convocó a los representantes de los partidos a una reunión en la Casa de Nariño para destrabar la situación de incertidumbre y conseguir una renegociación con la insurgencia. Mientras tanto, el Secretariado guerrillero confirmó su disposición para continuar los diálogos y mantener el cese al fuego bilateral.

El Senador Álvaro Uribe Vélez, expresidente y jefe natural del Centro Democrático ha pedido a sus seguidores no celebrar con “triunfalismos” la victoria del No y ha solicitado al Gobierno que se atienda el llamado que hicieron los colombianos en las urnas. Sin embargo, el Presidente Juan Manuel Santos invitó a el exmandatario y a sus copartidarios a participar de la reunión del lunes en Palacio, pero estos declinaron la oferta, alegando que debían primero realizar consultas internas en su partido.

El doloroso reto de superar el guayabo 

La decisión del Presidente Santos de designar a una comisión conformada por la Canciller María Ángela Holguín, el Jefe negociador en La Habana Humberto De La Calle y el Ministro de defensa Luis Carlos Villegas para que entablen diálogos con el Centro Democrático es un acontecimiento sin precedente en nuestra historia.  Sin embargo, el resultado de la jornada electoral del domingo es claro y deja entrever que no podrá haber paz en Colombia, sí la mitad de los colombianos no están convencidos de la misma. Para algunas figuras destacadas de la política nacional como es el caso de la exsenadora Piedad Córdoba, la solución podría estar en una solución que un tiempo atrás, el uribismo y las Farc plantearon como alternativa a un plebiscito: una Asamblea Constituyente.

Pero lo que resulta sorprendente de todo esto, es entender que los partidarios del No nunca estuvieron preparados para vencer en estos comicios, pues los titubeos del uribismo a la hora de aportar propuestas concretas han sido evidentes. Desde las filas del Centro Democrático se han planteado interrogantes alrededor del tema de justicia transicional, pero aun no se conocen alternativas distintas a la de establecer penas mínimas de cárcel a los guerrilleros. Sin embargo, lo que resultó aún más sorprendente de la actitud de la derecha, fue que su líder natural, el Senador Uribe Vélez haya pedido al Gobierno que se decrete amnistía a los milicianos de las Farc, cuando el lema y eslogan de campaña de su partido consistió en despotricar de la guerrilla y acusar a sus integrantes de criminales y terroristas que no podían ser indultados. En otras palabras, la derrota del Si pareció haber convencido al uribismo que no podía cantar victoria.

Otra de las propuestas de los partidarios del expresidente Uribe tiene que ver con una igual amnistía a los militares que cometieron crímenes de lesa humanidad; más precisamente, para aquellos que fueron condenados o están siendo investigados por el escándalo de los Falsos Positivos, una operación clandestina realizada por miembros de la fuerza pública para asesinar civiles inocentes y hacerlos pasar por guerrilleros dados de baja en combate. Este planteamiento ha recibido el rechazo de Las Madres de Soacha (quienes perdieron a sus hijos por cuenta de esto) y diversas organizaciones sociales y colectivos de derechos humanos.

Pero adicional al Centro Democrático, aun quedan otros sectores que apoyaron el No al plebiscito y que pueden representar un  mayor problema para destrabar los Acuerdos de Paz de La Habana. De hecho, las voces radicales de la ultraderecha cristiana, respaldadas por figuras polarizantes como el exprocurador Alejandro Ordóñez y el Concejal Marco Fidel Ramírez, han venido planteando que la negociación entre el Estado colombiano y la guerrilla de las Farc sólo pretende abrir camino a lo que ellos mismos llaman, “la destrucción de la familia y la imposición de la ideología de género”.  Hace unas semanas, el mismo Concejal Ramírez, que también hace las veces de pastor de una iglesia evangélica en Bogotá, pidió a sus feligreses votar en contra de lo pactado en Cuba, pues según él se impondría en Colombia una “dictadura homosexual”.  Toda esta campaña de desinformación, alimentada por un vehemente tono de intolerancia y discriminación, ha sido replicada en los púlpitos de muchos de los templos cristianos del país.

De cualquier forma, es necesario que el Gobierno Nacional, la guerrilla de las Farc y la oposición de derecha se sienten y lleguen rápido a un acuerdo sobre lo que ya quedó acordado en La Habana. Faltará ver sí lo que se negoció puede ser enmendado o sí las demandas del uribismo y los sectores del No son demasiado caprichosas. Lo importante es ratificar el proceso de paz y que se contemple la posibilidad de una Constituyente, pues si algo podemos aprender de lo ocurrido el pasado domingo, es que el electorado colombiano le falta madurez política y le sobra ignorancia y apetito por desinformación.