La calle se vuelve un macromundo donde aprendemos, vivimos el día a día, trabajamos y morimos.

Es en ese espacio común donde interactuamos con otros, con el ejecutivo, la vendedora, la deportista, el policía, el criminal, la prostituta, el estudiante, la intelectual, el indigente, el músico. Con El, con ella, con los otros. Es en la calle donde nuestros sentidos exploran variadas realidades, algunas alegres otras tristes.

Ante estas “alteraciones” de lo que conocemos como realidad, algunos prefieren olvidar otros ocultar y muchos ignorar. Unos pocos usan los espacios callejeros para transformar esa percepción con elementos como el arte, la cultura, la educación y la mas transgresora de todas; La música.

Es allí, en la calle donde por medio de la música el o la artista se muestra tal cual como es pues trasciende el tiempo y el lugar. No esta en un país. No esta en Bogotá, Lima, Barcelona, Roma,Paris, New York o , esta en un momento presente. No necesita banderas, colores o pasaporte ya que cruza fronteras. No es de ningún lugar pero esta en todos lados. No es de nadie, es de la gente.

Es justamente en ese momento y espacio donde aparece el artista en conexión con el publico; Utiliza la música como herramienta que revela la realidad como protesta ante la injusticia y del mismo modo como liberadora de sentidos. El artista es un instrumento que transmite esos mensajes que tienen que aparecer ante un público sediento de ideas y mensajes constructivos ante una realidad que consume el alma, la mente y el cuerpo.

En estas realidades son necesarias las propuestas musicales que replanteen la forma de ver y de situarse en el mundo. Se necesitan mas voces y melodías que le canten a la esperanza,a la verdad pero también que hablen sobre la política, el consumismo, el cambio climático. Se necesita de música que golpee los sentidos.