Después de la visita al Corovado, una noche en la Villa Olímpica deleitando la vista con las curvas de las brasileñas y los trazos de arte urbano plasmado en los muros de la zona, era tiempo de visitar y recorrer kilometro a kilometro de la famosa playa de Copacabana. 

 

 

El recorrido para llegar a la madre de todas las playas, seria muy fácil en bicicleta pero a falta de una, la opción para un verdadero City tour es comprobar en primera persona el sistema integrado de transporte de la ciudad Carioca.
Desde la villa Olímpica, lugar de nuestras aventuras fotográficas, el primer trayecto se haría en tren ligero conocido como VLT, el segundo a bordo del metro de Rio. Con las cámaras, la debida hidratación cervecera y el morral listo, esperabamos ver el cáncer de habitantes de calle y marihuaneros cerca a las estaciones pero al parecer ese escenario solo existe en algunas mentes “visionarias” de vendedores disfrazados de políticos.

Nuestro reloj marcaba las 11:30 pm y mientras esperamos el tren ligero, la cerveza carioca apacigua nuesta sed y calma el temor citadino al ver que no hay policías pero tampoco ladrones, vendedores, cantantes o cuenteros. Pasados 15 minutos, llega el anhelado tren que tiene un par de sillas disponibles al lado de la ventana donde momentos después aparecían esos vestigios de lo que en Colombia mal llamamos la ” malicia Indigena ” pues para nuestras mentes se hacia muy fácil abordar el tren sin pagar el ticket. Justo en ese momento que el mecanismo mental comenzaba a funcionar, una voz femenina nos aterrizaba a la realidad brasileña donde los sistemas de transporte como el VLT, cuentan con personal que se encarga de comprobar que los pasajeros, haciendo uso de esa cultura ciudadana, paguen el respectivo pasaje.

20 minutos de charla, bromas y fotos por la ventana, permiten llegar a la estación de metro subterráneo donde Un mapa y un portuñol bien pronunciado, fueron ayudas mas que necesarias para tomar la línea de metro que nos llevaría al paraíso de arena con más km de LatinoAmerica.
Lo más sorprendente del recorrido en el metro subterráneo fue experimentar en carne propia el ingreso y salida del mismo. Nuestra anatomía Bogotana se sintió humana al ver que no había roces con otro cuerpo en las puertas del metro. Cada individuo tenía su espacio personal, algo que nuestra conciencia había olvidado en el diario escenario de las estaciones de acumulación de masas de Transmilenio.
La experiencia de tener la arena de una de las playas más famosas del globo adherida a la piel, hace parte de una vivencia personal, pero visto desde el lente turista, hay mucha reflexión sobre los sistemas de transporte que hacen una ciudad más dinámica y humana.

En Rio la ecuación fue fácil y hasta el momento parece efectiva; La implementación de una verdadero sistema de transporte se hizo teniendo en cuenta una buena calidad de transporte público con un enfoque ambiental.
Contrario a lo que pasa en nuestra ciudad de realismo mágico, en Rio los buses BRT que son mas grandes, rápidos y cómodos que los buses regulares, contribuyen un poco a reducir el número de carros particulares en las calles, reduciendo el tráfico y las emisiones de CO2

Este proyecto de movilidad tuvo en cuenta las necesidades de la ciudad por encima del interés económico y logró integrar los diferentes medios de transporte para reducir el tráfico y mejorar la calidad de vida de habitantes y visitantes de la capital de la samba.

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