El líder de la Revolución cubana falleció este viernes a las 10:29 de la noche, de acuerdo a lo dicho por su hermano y actual Presidente de Cuba Raúl Castro. “En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados en las primeras horas de la mañana del sábado 26. La comisión organizadora de los funerales ha dispuesto nueve días de luto nacional, hasta las 12.00 del 4 de diciembre, en los que ‘cesarán las actividades y espectáculos públicos’ y se celebrará un ‘acto de masas’ en la Plaza de la Revolución de la capital cubana. ¡Hasta la victoria! ¡Siempre!”, ha dicho el primer mandatario de ese país.

Fidel Castro se retiró de la política activa en 2006 por problemas de salud y desde entonces, su hermano Raúl ha ocupado la primera magistratura de la nación. Fidel no sólo fue el líder histórico de la Revolución cubana, sino también uno de los más destacados personajes de la Guerra Fría y de los gobernantes más polarizantes de los siglos XX y XXI. Quizás una de las pocas o muchas figuras públicas con el mismo número de admiradores y detractores; considerado por unos como el comandante que liberó a una nación de la tiranía de un títere imperialista y por otros, como un dictador más en una república bananera.  Sin duda alguna, su huella en la historia política de las Américas ha sido enorme.

 Los pasos del revolucionario 

Fidel Castro nació en la provincia de Oriente, hijo de Lina Ruz González y del emigrante español Ángel Castro Argiz. Hizo sus estudios en derecho en la Universidad de La Habana, en donde se vinculó a la Federación Estudiantil Universitaria, una organización juvenil destacada por su oposición a los gobiernos marioneta del dictador Fulgencio Batista, el extinto déspota auspiciado por la burguesía caribeña y protegido por los Estados Unidos. En 1948 viajó a Bogotá como delegado para la IX Conferencia Panamericana, en donde también estuvo citado para una entrevista con el líder del Partido Liberal y caudillo del pueblo, Jorge Eliécer Gaitán; sin embargo, tal encuentro no pudo materializarse, pues Gaitán fue asesinado ese mismo día y Castro terminó siendo testigo del alzamiento popular y la represión de las fuerzas de seguridad del Estado, durante los eventos de ese histórico episodio conocido como El Bogotazo.

En 1952, Castro se inscribió como candidato a la Cámara de Representantes cubana, pero el golpe de Estado de Fulgencio Batista al gobierno civil de Carlos Prío Socarrás anuló el proceso electoral. Ese mismo año, Fidel intentó demandar al dictador Batista ante los tribunales, pero tal petición fue rechazada y a partir de ese entonces empezaría el alzamiento armado contra el régimen. El 26 de julio de 1953, el fallido asalto al Cuartel Moncada se convirtió en el primer gran acto de rebeldía contra la dictadura y la primera de las muchas batallas que se librarían en Cuba. En 1956, Fidel (quien habría estado en el exilio),  y los miembros del Movimiento 26 de Julio (dentro del cual estarían Ernesto “Che” Guevara, Raúl Castro, Juan Almeida y Camilo Cienfuegos) desembarcaron en las costas de la provincia oriental y se instalaron en la  Sierra Maestra, territorio que se convertiría en cuartel de operaciones de los revolucionarios. Finalmente, en enero de 1959 las fuerzas rebeldes comandadas por Fidel Castro entraron triunfalmente en La Habana y la isla fue liberada de la dictadura de Batista.

Durante los años siguientes, Fidel afianzó su posición como comandante supremo de las fuerzas militares, primer ministro, secretario general del Partido Comunista, diputado de la Asamblea y finalmente, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba, cargo en el que permanecería hasta el 2008.  Desde el gobierno, Castro y sus colaboradores y compañeros de revolución emprendieron un conjunto de reformas sociales, económicas y políticas que terminaron por minar las relaciones con los Estados Unidos. Como respuesta a la iniciativa cubana, el ejecutivo norteamericano emprendió una campaña contra la administración revolucionaria y en 1961 patrocinó un intento de golpe de Estado conocido por la historia como “La invasión de Bahía Cochinos”. Sin embargo, la operación militar fracasó y la única medida que Washington consiguió imponer a La Habana fue el bloqueo comercial, económico y financiero, también conocido como “El embargo”.

La trascendencia de la Revolución cubana durante las décadas de los sesenta y setenta alentó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – URSS a crear una línea de defensa militar en la región. En 1962, como respuesta a la instalación de cohetes de ignición atómica en Turquía por parte de los EE.UU, el líder soviético Nikita Kruschev ordenó el montaje de misiles nucleares en Cuba, con el apoyo del gobierno de Castro. Este episodio de la Guerra Fría pasaría a la historia como la “Crisis de los misiles de Cuba” y pondría al mundo al precipicio de un potencial armageddon nuclear. La negociación del entonces Presidente americano John F. Kennedy y su par ruso terminó por anular la posibilidad de una guerra inminente y los escudos aéreos en Cuba y Turquía fueron abandonados. Fidel Castro reprochó a Kruschev por el hecho de que la isla no fuese tomada en cuenta en las negociaciones y La Habana terminó distanciándose de Moscú.

Desde entonces, Cuba se alejó de la lucha de poder entre EE.UU y la URSS y se convirtió en uno de lo abanderados del Bloque de los No Alienados, un organismo multilateral compuesto por naciones que se negaron a formar parte del pulso entre el capitalismo americano y el comunismo soviético. Sin embargo, la isla permaneció como un Estado socialista e incluso formó fuertes vínculos con otros países marxistas como China, la extinta Yugoslavia, Mozambique y Ángola, en donde las legiones revolucionarias de Cuba lucharon por promover la independencia de estos pueblos africanos, quienes consiguieron liberarse del viejo colonialismo europeo.

Para muchos, la Cuba de Fidel Castro se convirtió en un ejemplo para la lucha revolucionaria y la resistencia de los pueblos y para otros, en un régimen autoritario que se sostuvo a lo largo de la historia a través de la represión y la censura. Pero es importante destacar, que su trascendencia simbólica favoreció el giro ideológico de América Latina, en países donde el socialismo del siglo XXI aun es un importante referente político. Fidel Castro fue, sin lugar a duda, el líder de una Revolución que todavía tiene resonancia en la geopolítica del hemisferio occidental.