Ni tu opinión ni tus halagos son necesarios ni solicitados, otro punto de vista sobre el acoso sexual callejero.

 

El acoso sexual callejero es una enfermedad heredada, vuelto tema común y parodiado a lo largo del tiempo por nuestra doble moral, que aprueba causas y desaprueba consecuencias, como en un juego hipócrita de poderes, donde el predominante es el abuso y la imposición de violencia, el tipo de violencia más común y cotidiano, aparentemente invisible, que no ha tenido la atención que merece.

Hace poco en una de mis clases de la Universidad, en una sesión de exposiciones unos compañeros escogieron precisamente el tema de acoso verbal callejero más comúnmente conocido como ‘piropo’ como su tema de investigación; no sólo me encanto que pensaran en este como su tema, sino que trajo a mí la idea de escribir acerca de esto, el acoso que viene siendo  para las mujeres pan de cada día, y es que las mujeres estamos mamadas de ser constantemente víctimas de todo tipo de agravios, comentarios y otros vejámenes que no solo atentan con nuestro integridad y sino de alguna forma con la libertad de ser y poder ser, de andar por ahí sin ningún tipo de preventivos ni miedos, porque solo las mujeres que hemos sido víctimas de cualquier tipo de acoso callejero, que cabe aclarar somos la mayoría, entendemos la sensación de inseguridad y vulnerabilidad a la que nos vemos enfrentadas.

Pero esto parece una lucha sin sentido y sin amigos, contradictoria; es decir nosotros y nosotras también somos responsables. En un país patriarcal como el nuestro donde se sigue legitimando el supuesto poder de un género sobre el otro, bien sea por una carga cultural arraigada o por cualquiera de los medios, productos o comportamientos que hacen ver a la mujer como solo un objeto, o porque nosotros también como hombres y mujeres no nos ponemos a pensar dos veces acerca de qué tan permisivos somos con el tema. Por ejemplo, mujeres y hombres dejemos ese sesgo hipócrita al decir que una mujer provoca y busca acoso con su forma de vestir, y aclaro, digo hombres y mujeres porque lastimosamente nosotras mujeres tendemos de igual forma a caer en señalamientos machistas, y es que no hay justificación alguna para el maltrato, para el abuso, para el acoso, recordemos que el acoso puede conllevar a  otros tipos de ataques y que de nosotros depende el no callar frente a esta situación.

Según mis compañeros de la universidad, en un estudio realizado en nuestro país vecino Perú, se vio como en muchos casos, a las mujeres el hecho de no recibir un piropo les hacía sentir que no se arreglaron lo suficiente o no estaban lo suficientemente bellas, y es ahí donde uno dice, ¡pero que coños! por favor mujeres, no necesitamos que nadie nos diga que nos vemos bellas, eso viene con nosotras, el regalo de ser mujeres, creadoras, poderosas, no se sumen a la complicidad del ejercicio de violentarnos.

Hay algo que preguntarse respecto a lo anterior, y es qué consideramos correcto y que no, si en la calle un hombre le dice a una mujer “hola, que linda estas”, aparentemente no es algo incorrecto y es hasta ‘halagador’ pero si no es uno, sino cinco hombres que le dicen lo mismo, al mismo tiempo, póngase usted a pensar, puede resultar muy incómodo. Y es que hay hombres que se justifican diciendo que a las mujeres no les molesta, simplemente porque no hay una respuesta, hombres entiendan algo, porque una mujer no responda no quiere decir que disfrute, y menos cuando se trata de la tosquedad o coquetería innecesaria, con la que muchos se dirigen hacia las mujeres, “ Que rica”.  “Adiós princesa”. “Uy, del cielo cayó un ángel”. “Hoy estás como para un entierro”. “Mamacita”. “Mi amor, ¿a dónde vas?”. “Dame un hijo”.. En fin, y otras muchas expresiones que no nombro acá porque rayan en lo infame.

“No me silbes que no soy perro”, simplemente no hay que ejercer voluntad donde no la tienes, en el cuerpo decide cada uno, es acoso siempre que se ejerce una condición de poder sobre otra persona,es decir, con qué derecho, es ahí donde hay que preguntarnos, y no solo quedémonos en el término legitimador de ‘piropo’. Cabe recordar que el acoso no solamente es verbal, las miradas, el exhibicionismo también es acoso callejero.

Hay que tener en cuenta que en nuestro país las leyes que penalizan estos crímenes son muy blandas, la máxima pena para el acoso es hasta de 3 años,  es decir es excarcelable y por los miles de impedimentos y trabas a la hora poner o defender una denuncia terminan estos casos casi siempre en la impunidad.
No más acoso! a viva y cansada voz, nada justifica ni el acoso ni tampoco el silencio, levanta tu voz mujer!  el acoso callejero también es violencia, como leí por ahí, el hecho de caminar por el espacio público no convierte nuestro cuerpo en algo público. Basta de miradas punzantes, de palabras soeces, basta de que el andar por la calle  sea un reto, una travesía donde hay que cuidarse de las hienas, recordemos todos salimos de una vagina, por lo tanto debe actuar por el respeto, acción por el respeto, recuerda la victima puede ser una amiga, una hermana. una amiga o una madre.