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¿Qué pasa en una ciudad cuando se permite que las bicicletas, el grafitti y la cannabis se conviertan en elementos de la cultura urbana? ¿Qué hace falta para que estos tres recursos estéticos sean totalmente aceptados en el panorama urbano latinoamericano?

Una tarde de inmersión en el ambiente de Vancouver, Canadá fue suficiente para vivir y apreciar como se logra eso de “cultura ciudadana”. Lo primero que observo a través del lente de la cámara es que en las vías de la ciudad el ego es un defecto en vía de extinción; da lo mismo si es un conductor de automóvil, de moto o de bicicleta, todos tienen espacio en las vías. Todos respetan al peatón. (El otro es sagrado)

Lo segundo que capturan mis ojos son las expresiones artísticas que están presentes no solo en los muros, también hacen parte de la publicidad de establecimientos y decoración de la ciudad. Parece que en este espacio del continente norteamericano, ya comprenden que el arte y los artistas no solo están en los museos. También están en las calles.

La tercera impresión que me llevo es que acá consideran que el problema no esta en la cannabis, si no en como y en cuales espacios se utiliza; la opción de bares que promueven una cultura cannabica, es amplia para quien decide disfrutar responsablemente de una planta que muy posiblemente ha sembrado en casa, ya que no se comercializa en las calles de la ciudad.

Dejándome llevar por el encanto de estos guiños culturales; Pedal, stencil y sativa, observo como se integran de forma constructiva en el panorama urbano de Vancouver, lo cual me genera un cuestionamiento sobre como lograr ese nivel de aceptación en ciudades latinoamericanas, pues aunque ya se observa un primer paso en este proceso, aún se presentan muchos obstáculos tanto sociales como culturales.

Quizá es necesario retomar la pedagogía donde se aprende que el “otro” es sagrado y como tal hay que respetarlo y cuidarlo. Independiente que sea hombre, mujer, gay, ciclista o conductor.

Quizá hay que concebir una forma de arte cambiante que esta en el diario vivir, que esta en las calles, que nos revela lo que algunas veces queremos callar o la realidad que no queremos ver.

Quizá hay que renunciar a la satánizacion de elementos naturales que hasta el momento han sido mal usados por el hombre. Puede que en el momento en que se deje de prohibir, se encuentre el real sentido de lo que se puede, se quiere y se debe hacer.

@diariosdbicicleta