Busca ese lugar, ese parque, esa montaña, ese desierto. Ese lugar que te saca de tu rutina, de tu trabajo,de ti mism@. Una vez lo encuentres, aprenderás que esos lugares tan naturales y sorprendentes como parecen, son superiores a nosotros. Para existir, esos lugares requieren esfuerzos. Aprende de aquellos que los protegen. Aporta a su conservación(1 ) y sobre todo, SAL DEL CUBO.

Aprendes y laboras en espacios limitados por cuatro paredes. Tus sueños descansan en una cama cuadrada, te entretienes en pantallas cuadradas, durante el día te transportas en objetos rectangulares a otros espacios cuadrados.

Al final del día,sin darte cuenta vuelves a tu espacio cuadrado y a ese experimento donde nuestros días se presentan como un espacio lineal, que llamamos vida.

Vivimos en un cubo, morimos en un cajón.

En eso se han convertido nuestros días en la ciudad; un día día, semana a semana, mes a mes “invirtiendo” la mayor parte de nuestro tiempo en espacios cuadrados de encierros personales y grupales que tienen en común un vacío, que aun no sabemos si esta en nuestra mente, en nuestra alma o en nuestro cuerpo, y que intentamos llenar con consumo, bien sea de televisión, fútbol, alcohol, drogas o productos que recién salen al mercado.

Sin embargo cuando salimos del cubo, algo pasa. El espacio lineal se transforma. Afuera el ritmo se determina por el movimiento del sol sobre las montañas, por las estrellas que visibles, adornan la noche y por los colores interminables de la naturaleza. El tiempo se transforma y los días ya no están determinados por las alarmas, el tráfico o el dinero.

Saltar desde la base de una roca hacia las cálidas aguas del río, adentrarse en una cueva de hielo, escalar una pared de roca lisa o el sencillo placer de pedalear la bici rodeado de naturaleza, es el verdadero sentido de estar vivo.

Salir, así sea por unos instantes, de ese estado fantasmal de lo cotidiano, lo monótono y lo lineal, salir de eso que llamamos evolución y dejarnos sorprender por la inmensidad y sentir el mismo temor de nuestros antepasados a explorar lo desconocido, lo que antes no se ha vivido.

Porque para estar afuera del cubo no es necesario ser un boy scout, un aventurero extremo o saber de memoria los conocimientos de la guía de sobrevivencia al aire libre. No tengo una carpa coleman, mis botas no son Northface y la bicicleta no tiene doble suspensión. Son contados mis fines de semana para salir de campamento, pero hay siempre un deseo inminente de explorar la naturaleza y dejar que sea ella, quien llene el vacío del alma. Eso me llena de fuerza y energía para regresar a la otra realidad, la realidad del cubo donde los humanos “evolucionamos” para sobrevivir.

Tal vez sea necesario mirar hacia atrás, hacia un estado más primitivo, hacia una forma de vivir mas natural. Quizá hacia los tiempos pre industriales o hacia los tiempos precolombinos. Aún no lo se, lo que si intuyo es que atrás, en ese panorama algo era real, incierto y sagrado.

1. Fragmento tomado de revista “Stay Wild”