Por un consumo razonable y consciente de nuestros contenidos web

Actualmente es muy común dimensionar la realidad tras una pantalla, llámese  computador, televisor, tableta o celular, absortos ante la practicidad y tecnicidad de la mediación tecnológica estamos perdiendo más que tiempo, estamos dejando la esencia identitaria colectiva, por los tendencias transitorias colectivas, que claramente no son lo mismo. Es bastante cuestionable y contradictorio el hecho de que en la era de mayor y fácil acceso a la información sea también la era de mayor desconexión con los otros y con nosotros. Es cuestión del uso que les demos dirán algunos, o es cuestión de elección; aunque evidentemente el uso y la elección entran en la parte subjetiva de la búsqueda individual, también es cierto que es una realidad de la cual debemos sacar provecho, pues no se tratar de satanizar las nuevos procesos de interacción sino de alguna forma transformarlos en herramientas de apoyo y no de encarcelación ni mucho menos de limitación.

Dentro de las diferentes tribus urbanas y diferentes movimientos juveniles se oye siempre un grito cada vez más frecuente pero cada vez mas distorsionado de ‘revolución’,  de transformar una realidad con la que claramente no estamos conformes. Es claro que los cambios se gestan desde la acción colectiva, esa acción que hoy en día esta primordialmente marcada por la cultura y sus diferentes expresiones, la cultura que abarca todas las diferencias, la cultura que se respira cada día más en el alma de nosotros los jóvenes pero lamentablemente la cultura que cada vez se des configura y se desata abruptamente de las raíces. Pero deberíamos preguntarnos, ¿Qué es cultura sin raíces? Una cosa es la transformación de la cual no podremos separarnos y otra la memoria de la cual nos hacemos ajenos cada día.

Inclusión y exclusión, una toxica dicotomía de estas nuevas formas de comunicarnos, eso que revela nuevos saberes y nos esconde otros, que mejor referencia de lo anterior que el gran maestro, filósofo e investigador de comunicación Jesús Martín Barbero, quien se refiere en otras palabras a esto como “Explosión de identidades”   donde hace referencia a una sociedad red,  en donde evidentemente las nuevas formas de percibir y de sentir, nos hacen negativamente discordantes de nuestra propia identidad, nos vuelve temporales y por lo tanto nos desequilibran.

Es posible mantener una verdadera resistencia ante la alienación masiva de los modelos de comunicación, tan necesarios como veloces, gracias a esos por los cuales usted en este momento me está leyendo, pero hay que buscar siempre tener cierto grado de conciencia y responsabilidad a la hora de manejar el contenido que compartimos y consumimos en las redes sociales y en la web en general. La globalización no es solo económica ni tecnológica, es una globalización de identidad y de “conocimiento”,  ese conocimiento que ya no es un privilegio de las universidades ni  de los grandes claustros educativos, por eso mismo hay que re configurar el conocimiento buscando no saberes temporales sino mas bien el auto reconocimiento y la apropiación por lo que nos pertenece  o más bien a lo cual pertenecemos, no podemos hablar de ninguna revolución sin un reconocimiento de nosotros, es decir de nuestro origen, no podemos hablar de evolución sin base, sería una involución moderna; cada día más creativos, cada día más posibilidades, cada día más medios, el medio es alentador de nosotros depende que lo que hagamos con el lo  sea.

Que la marcha por la educación y los trabajadores, que la defensa de los humedales, que las verdaderas noticias, que la cultura y que cualquier  información aportante circule y se le dé trascendencia más que cualquier cosa, la historia nos la contaron en el colegió desde la invasión disfrazada de conquista no desde el origen y todo lo fundamental que de allí deviene.  que se comparta lo necesario no lo vano, ojalá que el interés que generan cosas como el futbol, el morbo, el contenido amarillista en las redes y en la vida genere tanto interés y emoción como los puntos primeramente nombrados. Que no nos coma la pantalla, que solo sea el plato donde escojamos que comernos. Dime qué consumes, qué compartes y te diré quién eres!

Como dice un rapero veneco, tu identidad cuánto cuesta! ¿las botas que llevas puestas? Si te pregunto quién eres…