Las barberías tradicionales empezaron a desaparecer de la escena comercial a partir de la década de los ochenta y estuvieron a punto de extinguirse a finales de los noventa. Las peluquerías unisex habían absorbido la demanda del mercado, porque hasta ese momento nadie pareció preocuparle que estos puntos de encuentro de los hombres de antaño se esfumaran para siempre. La escena cultural barbera prevaleció como forma de representación para la comunidad afrocolombiana en la región pacífica, pero en Bogotá no fue así para las tradicionales barberías cachacas, que rápidamente quedaron marginadas al centro de la ciudad.

La nostalgia por algunos valores, costumbres o principios del pasado ha sido una de los rasgos culturales más destacados en la primera década del siglo XXI y todo ha corrido por cuenta de una preocupación planteada por la generación de los Millennials, un segmento demográfico comprendido por los sujetos nacidos entre 1981 y 1995, que aunque suelen ser definidos como nativos tecnológicos, también han sido identificados como un grupo con un altísima conciencia social y política. Una población interesada en repasar su historia y reinventarla constantemente, moviéndose y adaptándose a los vertiginosos cambios que cada año sacuden al mundo.

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La barbería tradicional ha vuelto a Bogotá gracias al emprendimiento de jóvenes Millennials como Johan Alfredo Ortíz, propietario y administrador de RealMan89 BarberShop, un espacio que obedece a la creciente tendencia capitalina de “restaurar” algunos principios y valores de masculinidad, perdidos a lo largo del tiempo no por la decadencia del patriarcado machista, sino debido a los bruscos cambios en las dinámicas del consumo.

Ubicada en el barrio Santa Isabel en la localidad de Los Mártires en Bogotá, RealMan89 BarberShop es un establecimiento comercial forjado a pulso, trasnocho y dedicación. Unos años atrás, su propietario empezó a vender tónicos y productos para el cuidado de la barba, mientras aun trabajaba como empleado del sector bancario. Esa urgencia por evitar la conformidad de un empleo lo obligó a revivir una vieja tradición de su familia: montar negocio.  Así fue como Johan entendió, que sus tónicos y productos no podían venderse por internet únicamente, ni tampoco a través de las incontables visitas que como vendedor hizo a muchas barberías. A partir de ese momento nació una idea de empredimiento.

Un comerciante y un barbero 

La familia de Johan se ha dedicado al comercio desde que él ha tenido uso de memoria. Tal ejemplo lo ha venido acompañando a lo largo de su vida y fue el mismo el que le hizo entender que era hora de que siguiera los pasos de sus padres y creara empresa. Hace más o menos un año, este jóven emprendendor conoció a Deyson Alexander Díaz, un barbero de profesión. Este tándem dinámico es aquel que hace especial a este negocio; por un lado, un propietario comprometido con el trabajo a pulso y  por otro, un artesano de la barba que ha entregado sus esfuerzos a rescatar un oficio tradicional.

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RealMan89 BarberShop es una propuesta centrada en rescatar algunos de los principios tradicionales de la barbería, pero también en revivir un estilo de vida masculino, pues según Alexander “Quisimos crear un espacio para los ‘manes’; un lugar donde podamos hablar de todas esas cosas que nos hacen hombres. Las peluquerías unisex dicen ser espacios mixtos, pero todos sabemos que son sitios en donde las mujeres mandan la parada”.  Para Johan Ortíz,  el mensaje trasciende también sobre la necesidad de que los jóvenes no pierdan la oportunidad de materializar sus sueños de empresa y negocio propio “los jóvenes deben perder el miedo e intentar emprender, porque es poco lo que se puede perder y es mucho lo que se puede ganar”.