El sistema integrado de Trasporte ha entrado en Bogotá con innumerables complicaciones, la más triste y grave hasta hoy es el asesinato de sus operadores, operadores que, como la mayoría, simplemente trabajan  para vivir, de ahí para abajo, hay una galería de quejas, reclamos, insultos y lo que quieran por parte de los usuarios que ahora si se las dan de buenos pasajeros, y como hay una empresa grande detrás de ellos que los respalda y (digamos) que responde por cualquier altercado, se dan el lujo de exigir puntualidad, gritar, escupir, romper vidrios, amedrentar, etc.

Esto no sería malo si los conductores fueran los de antaño, esos conductores recios y denodados que ante cualquier adversidad respondían con zafiedad y una cruceta en  la mano. Ahora no. Ahora son conductores parsimoniosos, solícitos, que solo les interesa llevar a sus pasajeros por donde  estipula la ruta.

Los buses cambiaron, las rutas cambiaron, los conductores cambiaron, los pasajeros no. Esos pasajeros se quedaron en la edad de bronce de la movilidad, no entienden que el desarrollo conlleva cambios, y que esos cambios nos comprometen a todos como ciudadanos,  Ahora bien; si el servicio es malo, o las rutas son malas, o los conductores son malos, existen entidades y mecanismos para hacerlo saber, sin la vergonzosa necesidad de atribuir sus defectos a los conductores que no tienen voz ni voto en las decisiones de sus gerentes.

Sin embargo lo más deplorable no es eso. La vida se tiene respetar ante cualquier cosa y tiene que prevalecer  sobre cualquier diferencia, asesinar a  un conductor del SITP es el reflejo de las bestias que  rehúsan  civilizarse,  y que a través de su escaso conocimiento, intimidan, roban, amenazan; matan.

Si este grupo de primitivos sigue asechando el bienestar de la ciudad, no solo asesinarán conductores a diario, es más: el asesinato de un conductor del SITP  solo es importante porque era conductor del SITP, la muerte ya es tan normal que le atribuyen datos extra. Un muerto sin historia no es tan importante. Tristemente no se vende, y con los medios que ayudan a escandalizar un evento tan despreciable es poco o nada lo que se puede hacer.

El problema principal ya no es un conductor asesinado,  el problema es que tengan que morir para que nos pongamos a pensar, y darnos cuenta que Bogotá no estaba preparada para un sistema como el SITP, no solo su arquitectura, su geografía, sus calles, pero en especial su gente. Personas sin una referencia de comportamiento civilizado, personas que debido a uno u otro problema llegan a la capital  en busca de algo,  personas que siendo Bogotanas se consideran dueños de la ciudad y marginan o excluyen a los demás, con personas así es mejor quedarse en la casa.

Mientras no mejoremos la conducta con nosotros mismos, cualquier medida, cualquier metro, cualquier avance, está destinado al oscuro fracaso, No esperamos que llegue la Aurora iluminando  la perdición a la que vamos ¿cuántos muertos necesitamos para aprender?

 

Adamo Angel BuItrago