Entre líneas fragmentadas, pérdidas en delirios causales de poca perspectiva del día y la noche me lleva descalzo con una cadena que me ata al fondo del asfalto.

Caminos desconocidos en los cuales ando ya son repetitivos en mi mente, la dificultad de ser un estúpido inservible para esta sociedad que me señala con sus ojos de fuego.

Son pedazos de mí, dejados en ese suelo gris y estos dedos quemados que ya no siento.

Mi vista se ha vuelto algo microscópica ya que rescatan los residuos que llevo en mis espaldas por los cuales sobrevivo cada día o al menos dura un soplo en esta cuchara de acero.

Calles vacías me acompañan durante mi naufragio, en este viaje de incertidumbre y locura, para amedrentar el frio que se esconde en mi cuerpo me desaparezco debajo de algún puente mientras me cubro con bolsas de basura que ayudan a evaporar la nevada noche.

Mis zapatos gigantes que cubren mis pies sucios de mugre, al deambular en este tiempo transparente del cual los días que se ven al pasar descalzo por la avenida siendo un animal más.

Otro día más que avanza en mi vida perdida, kilómetros de cansancio en mi saco de huesos, sociedad de carga que veo durante las tardes en el centro, parentela que pasa con ausencia del mirar, sentir, vivir. Por ello hui de esa pobre humanidad doliente, ciega y sorda.

Descansare un poco en el andén, mirare al cielo para no perderme en esos cuerpos inútiles que caminan por inercia,  no puedo creer que la masa pase y no mire a esa pobre ave que me encontrado en mis ojos, atrapada e inocente en una rama que no la deja volar.

En mi cabeza pasan mil formas de ayuda pero la más coherente y rápida es trepar ese árbol grande del que puedo caer, mis manos ya están atadas a este trozo de madera la cual me entierra sus colillas, mis pies me halan al suelo incipiente, además están empapados de lluvia, me resbalo pero aún sigo, aunque este sol mate mis ojos, pobre paloma entre los límites del cielo y de la tierra esa rama que parece alambre de púas, libre ya sos ave de tonos hermosos y ojos brillantes.

Bajare pero, falle mire al suelo ahora tengo miedo de derrumbarme con la muerte que jala mi mano, aunque ya estoy cerca de besar el suelo, lo que no entiende mi cabeza es porque la gente se encuentra en estatua.

 

Maria Fernanda Chambueta Cardozo

Parásito