No son pocos los sitios de Bogotá que consiguen recrear una simbiosis cultural. En las localidades de La Candelaria, Teusaquillo, Santa Fé y Usaquén es una regla que los negocios de café busquen ser alternativas menos convencionales. Sin embargo, es en el sector de la Calle 45, entre los barrios Palermo, Santa Teresita y La Soledad, en donde las cafeterías se convierten en sitios de encuentro que apelan a un público objetivo más sensible a las expresiones culturales y a algunas manifestaciones artísticas. ¿Cuántas veces tenemos la oportunidad de ir a tomarnos un café, hospedarnos en un hostal y asistir a lecturas y obras de teatro en un mismo sitio?

En ocasiones anteriores hemos hablado de hoteles con estas características, pero para esta oportunidad tenemos el placer de contarles de un teatro, en un café; de un café que tiene teatro y de un hostal que los tiene a ambos. Es la idea concebida por un grupo de jóvenes actores que luego de haber fundado su propia compañía teatral, decidió buscar un espacio propio para sus ensayos y presentaciones y un lugar en donde pudieran compartirlas. Esa es la historia de La Casa La Maldita Vanidad. 

La maldita vanidad es una fundación de artes escénicas establecida en el 2009 y fundada por Jorge Hugo Marín, Angélica Prieto y Ella Becerra, una triada de artistas y actores que decidieron emprender con un proyecto de compañía teatral propio. En 2013 La Maldita Vanidad consiguió su propio espacio para la exhibición de sus obras y el desarrollo de sus ensayos en el barrio Palermo y desde entonces,  la compañía de teatro ha evolucionado en un establecimiento comercial diverso y un sitio de interés para los amantes de las tablas.

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Tablas, pocillos y maletas

La Maldita Vanidad es el nombre de tres servicios que operan de manera autónoma, en las dos casas que tiene la fundación en el barrio Palermo. En la primera y más antigua de las instalaciones, aquella que está ubicada sobre la carrera 19 entre calles 45A y 45A bis opera el café y el más pequeño de los teatros; mientras que en la segunda casa, localizada sobre la calle 45A opera otro café, un teatro más grande y el hostal habilitado y operado por la compañía. Las dos cafeterías son administradas de forma independiente, pero tienen una relación estrecha con los otros espacios, pues sirven de vitrina para los clientes y visitantes.

Jorge Hugo Marín, director artístico y uno de los miembros fundadores de La Maldita Vanidad asegura que la dinámica entre el café y el teatro, así como el hostal es puramente intencional “En la sede de la carrera 19 recibimos mucho público flotante, porque la cafetería está abierta hasta las once de la noche y recibe el flujo de personas que transitan sobre una vía principal; mientras que en la nueva casa, con el hostal y el teatro más grande, recibimos a un público más específico, o sea, quienes buscan hospedarse en el hostal  y los que asisten a los talleres de teatro en la mañana”. 

Sebastián Montoya, administrador de los dos cafés explica cómo inició el proceso de vincular la cafetería a las obras de teatro “El café de la Maldita Vanidad empezó hace cuatro años con la apertura de la primera casa de la compañía. En ese entonces sólo se abrían las puertas para las obras de teatro. Luego se estableció el horario de las tres de la tarde y la compañía decidió que necesitaba ser administrado y me contrataron a mi. En un principio las cosas no fueron fáciles, pero luego la gente empezó a asociar el café con el teatro y entendieron que podían tomarse algo, comer y luego asistir a talleres, lecturas y obras”. En cuanto al hostal, la compañía decidió crearlo en la nueva casa, con el propósito de establecer un sitio de acogida para los artistas interesados en los proyectos y talleres de teatro, así como una opción de hospedaje para visitantes nacionales y extranjeros, interesados en los atractivos culturales de la capital colombiana.

La Maldita Vanidad es una idea que nació en las tablas y terminó por convertirse en un proyecto pymes y una de las muchas estrellas del universo cultural de Teusaquillo. Un sitio que tiene el lujo de entregar un catálogo de obras y montajes teatrales, para luego ofrecer cócteles, pasabocas, onces y hasta almuerzos y desayunos. Un espacio que recibe a mochileros, artistas y a familia por igual y un punto de encuentro ineludible para quienes gozan de los abanicos de posibilidades.

Si le interesa saber más sobre la Fundación La Maldita Vanidad, visite su sitio web LaMalditaVanidadTeatro.com  o ingrese a sus redes sociales en Facebook  Instagram  y Twitter