La suerte de Vicky Dávila fue echada el pasado miércoles 17 de febrero, cuando su época como directora de La Fm Radio terminó abruptamente. Ella nunca imaginó que su carrera sería afectada de esta manera y tampoco pensó que sería por cuenta propia. Dávila, quien recibió la solidaridad de sus colegas cuando estalló el escándalo de seguimientos ilegales a ella y a su equipo, ordenados supuestamente por el director de la Policía, no consiguió que sus compañeros periodistas la apoyaran tras haber publicado el vídeo que pretendía tumbar la trama de prostitución masculina en la institución, pues esta evidencia de corrupción resultó no ser sino un error editorial,  ya que, el material audiovisual sólo consiguió destapar aspectos íntimos de la vida privada de un excongresista y no una actividad delictiva en curso.

Antes de la publicación de este vídeo, casi todos desde la prensa queríamos que se hiciera justicia con Vicky y que los responsables  respondieran por sus actos. Debo confesar que nunca sentí  afinidad con el estilo editorial de la exdirectora de La Fm, pero sí me solidaricé con ella  cuando supe de los seguimientos ilegales en su contra. La periodista había recibido el apoyo de la opinión pública para que continuara indagando sobre la trama de prostitución en la Policía Nacional, pero nunca pudimos predecir que ella apelaría a tan bajos recursos para conseguir su objetivo. ¿Valió la pena convertirse en un monstruo para ir detrás de los monstruos? El General Rodolfo Palomino renunció a la dirección general de la Policía, pero luego de que el Procurador Alejandro Ordóñez anunciara que abriría investigación disciplinaria en su contra y no por el valor probatorio del video escandaloso. En cambio, el viceministro del interior Carlos Ferro sí abandonó su puesto porque su vida sexual fue expuesta al escarnio público. En otras palabras, el daño colateral terminó siendo mayor que el daño objetivo y fin justificó los medios para La Fm Radio.

Dentro de las voces que defienden la decisión tomada por Vicky Dávila, hay quienes afirman que la publicación del video fue una jugada coherente, pues éste aún hace parte del material probatorio que tiene el Ministerio Público contra el General Rodolfo Palomino y otros altos mandos en la Policía, por cuenta del escándalo de la “Comunidad del Anillo”. Por otro lado, hay quienes  aseguran que la evidencia fue aportada por una víctima de la trama de proxenetismo y por tal, su validez  es contundente; mientras que otros apelan a la libertad de expresión y al derecho a la opinión. Sin embargo, estos argumentos pierden veracidad cuando este misma prueba demuestra que ninguno de los interlocutores (el otrora Senador Carlos Ferro, supuesto victimario y el entonces Alférez Ángelo Palacio, supuesta víctima) hace referencia a algún acto delictivo o conducta disciplinaria reprochable. El lenguaje en la conversación grabada es definitivamente sexual, pero no punible ante la ley; es una charla entre dos adultos igualmente responsables.

Infortunadamente, esta es la suerte que se buscó Vicky Dávila, pues cruzó la línea roja que separa al periodismo del amarillismo ramplón. Ella debía renunciar o ser “renunciada” porque su ambición había nublado su ética profesional.  Lamentablemente, estos son los errores que deben pagarse caro y que no pueden ser tolerados en el gremio, porque la labor del periodismo debe trascender a la de los medios. Nuestra trabajo consiste en servir a la verdad y a la búsqueda de la misma, no la de difundir chismes de pasillo o subir ratings a costa de desgracias ajenas. Colombia es un país castigado por la corrupción en sus instituciones y por eso es necesario que la veeduría de la prensa no sólo sea permanente, sino también objetiva e imparcial.  El periodismo debe ser ciego en sus intenciones e implacable con sus acciones, pero jamás indolente y arrogante.

Por lo pronto, es necesario que los medios y las facultades de comunicación hagan una profunda reflexión, a partir de este notorio e infortunado caso; no es tiempo de hablar de intereses políticos o revanchas ideológicas, porque los actos hablan por sí solos. Aunque no compro la teoría de que Juan Manuel Santos sea ejemplo para el periodismo, sus observaciones son tan acertadas como las de cualquier otra persona que reproche el amarillismo. Vicky Dávila no puede ser un modelo para los futuros periodistas y eso corre por cuenta del trabajo conjunto en las universidades, las pantallas de televisión, los micrófonos de la radio y el espacio en la web.