Nos están invadiendo

 

Los vemos en las calles marchando; gritando, destruyendo, rompiendo, trasgrediendo, y no sabemos quiénes son, que quieren, de donde vienen o para donde van, pero tranquilos; no son nadie y posiblemente nunca lo serán.

Tienen varios nombres, aunque nunca les gusta uno en especifico,  solos: son ovejitas mansas, hasta parece que saben algo que tu no. Pero en grupo parecen Gengis Kan destruyendo todo a su paso.

Dicen que tienen una base histórica y que muchos escritores, políticos y filósofos respaldan su “lucha” pero si les preguntas por alguno, parece que no conocen muchos, o solo saben lo que les conviene,  o no saben, o lo saben mal.

Les encanta gritar y tildar a los que piensan diferente de: facha, nazi, burgués, imperialista, y; su palabra favorita: Capitalista. Una palabra que difícilmente entiendan pues para entenderla habría que estudiar y eso no está en sus planes.

Se caracterizan por camuflarse en las universidades, por desviar a los estudiantes, por romper las instalaciones, por atrasar el ciclo de aprendizaje y por taparse la cara. Esa característica está en la mayoría: se esconden, no tiene rostro, pueden estar a nuestro lado y cuando menos piensas te rompen los vidrios y te rayan la puerta  con arengas de libertad y revolución.

Se financian con dinero sucio: lleno de sangre, de desplazamientos, de droga, de secuestros. De maldad pura. Intimidan en masa. Son grandes, poderosos, se enfrentan a una tanqueta, “se le paran a los tombos”,  al imperio. Carcomen la cultura y civismo que nos queda en la ciudad y en el país.

Pero el panorama no es tan lúgubre; su peor enemigo no es el imperio como tanto pregonan,  su enemigo está dentro suyo, se llama ignorancia, y esa no es tan difícil de vencer, pero la ignorancia  es atrevida,  así que hay que actuar con cuidado. Para eso me tomo la molestia de ofrecer unas recomendaciones cuando se enfrenten a uno de ellos:

 

  • Cuestionen sus argumentos y remítanse a su pensamiento
  • Cuestionen su pensamiento y remítanse a sus fuentes
  • Cuestionen sus fuentes y remítanse a su idea principal
  • Si logran llegar a este punto, debatan amablemente sobre las diferentes ideas que históricamente se han postulado
  • Comparen las ideas postuladas con las ideas aplicadas
  • Comparen las ideas aplicadas con la realidad.

 

Las utopías e idealismos son importantes para el ser humano, siempre y cuando no se pierda la visión del mundo real. Si encuentran un movimiento que exalte al ser humano y al cooperativismo en pro del progreso mutuo, avísenme.

 

Adamo Angel Buitrago.